Sino pregúntele a Batman. Consiguió una novia que se llama Gatúbela. | Fabuestereo 88.1

Sino pregúntele a Batman. Consiguió una novia que se llama Gatúbela.

Sino pregúntele a Batman. Consiguió una novia que se llama Gatúbela.

“Quedaste puro gato panza arriba vos”, “acordáte que la curiosidad mató al gato”, “tenés más vidas que un gato” y “le dieron gato por liebre”, son algunas de las expresiones populares que se utilizan regularmente para hacer mención de los mishos.
Tom, Silvestre, El gato con botas, Don gato y su pandilla, el gato Risón de Alicia en el País de las Maravillas, La Gata Loca, Garfield, Félix y hasta la dulce Hello Kitty, son algunos de los Felis silvestris catus, más famosos de la televisión. Sin embargo, no a todos les gustan. Puede que usted sea de aquellas personas que los aman profundamente o por el contrario de las que no los toleran. Existen muchos prejuicios alrededor de ellos. Algunos tan absurdos relacionados con las brujas y otras tonteras por el estilo. Históricamente viene de la manipulación de la ignorancia popular durante la inquisición.
Hoy le compartiré mi experiencia, de cómo era del grupo de personas que mostraba desagrado por los mininos y de cómo aprendí a amarlos, hasta el punto que en la actualidad vivo con 5 dentro de mi casa.
No los detestaba, pero tampoco me parecían algo fuera de lo común como para desear uno. Veía que había personas que los adoraban y otras que cada vez que veían uno lo asustaban, perseguían y hasta lastimaban.
Un sábado hace 12 años tuvimos una reunión familiar en la casa de mi hermana. Estaba su esposo, mis sobrinos, mi esposa y mis hijos. También llegaron mis papás. No recuerdo exactamente cuál era el motivo. Creo que era el cumpleaños de alguien si no estoy mal. De pronto llegaron mis hijos y sobrinos a decirme que había un gatito al que los demás ishtos del condominio molestaban halándole la cola. Mi hermana y cuñado me comentaron que hacía varios días un cachorrito huérfano merodeaba por su casa. Por curiosidad me acerqué y cuando vi que los chirises estaban tirándole piedras los regañé. No sabía cómo se trata un gato. De hecho, nadie en la familia sabía cómo hacerlo. Lo metimos dentro de una caja de cartón y nos lo llevamos de regreso para la casa. Cuando llegamos no teníamos ni la más remota idea de qué hacer. Solo teníamos experiencia con perros y peces. Cuando el gatito salió de la caja lo llamábamos con el típico “pshiiiibiiisshiiibiiishiiii” con el que los perros hacen caso. ¡¡¡Si pues!!! Ya estuvo que nos hizo caso. Solo de recordarlo me hace reír de nuevo. Para no hacérselos muy largo, les cuento que en septiembre aquel gatito cumplirá 13 años de vivir con nosotros. Es tuerto, producto de una pelea callejera con otro gato. Padece reflujo y también de problemas respiratorios. Pero allí está. Fiel, sabio, acompañándonos y cuidando que ninguna culebra, araña, alacrán, rata o cualquier tipo de alimaña entre a nuestra casa. Por cierto, su nombre es Mozart, en honor al compositor que más me gusta de todos los genios musicales que han existido a lo largo de la historia.
El Mozart no es el único gato que vive en nuestra casa. A lo largo de tantos años de aprender a decodificar el comportamiento de los mininos, aprendimos que son una maravilla. Limpios, cariñosos, tiernos y excelentes guardianes. Adoptamos un hermoso gato anaranjado al que bautizamos como Teo. Luego a dos gatitas que son hermanas llamadas La Canche y El Ojo. Finalmente, unos vecinos se mudaron y abandonaron a su gata. Nos dio tristeza verla desvalida y también la adoptamos. La bautizamos como La Gatuna.
Créame, los gatos son maravillosos. Sino pregúntele a Batman. Imagine, hasta se consiguió una novia que se llama Gatúbela.

Sino pregúntele a Batman. Consiguió una novia que se llama Gatúbela.
Sino pregúntele a Batman. Consiguió una novia que se llama Gatúbela.
Sino pregúntele a Batman. Consiguió una novia que se llama Gatúbela.
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