El miedo es bueno, pero tampoco se mande. | Fabuestereo 88.1

El miedo es bueno, pero tampoco se mande.

El miedo es bueno, pero tampoco se mande.

Muchas veces hemos sentido miedo. Es una emoción que nos acompaña desde el momento que nacemos hasta el instante en que morimos. Según algunos eruditos en Biología, Psicología y Antropología Física, el miedo es una manifestación del instinto de conservación. Es lo que nos permite sobrevivir. Dicho de otra forma, sin miedo es probable que usted no estuviera leyendo este artículo… incluso, que ni siquiera nuestra especie hubiera sobrevivido. El miedo es bueno porque nos mantiene alerta y muchas veces nos da la oportunidad de conocer lo que somos capaces de hacer cuando estamos en una situación difícil. Le seguro que más de alguno de nosotros saltó como el propio Michael Jordan cuando alguien le gritó: ¡¡¡Cuidado!!! ¿Cuántos automóviles ha esquivado en su vida gracias a la reacción que tuvo al verse en peligro? Puede que alguna vez le haya pasado que levantó algo muy pesado que ni en sueños lo hubiera podido hacer sin estar asustado. Luego de ello se vio al espejo y comprobó que no se había transformado en Hulk o Superman. Seguía siendo una persona normal. Pero, ¿entonces qué pasó? ¿De dónde le surgió la habilidad de saltar tan alto o la fuerza para levantar un objeto tan pesado? Simplemente fue nuestro eterno acompañante, el miedo, el que provocó que las glándulas suprarrenales sobre sus riñones bombearan adrenalina para que sus músculos reaccionaran como nunca antes lo habían hecho.
Ahora bien, ¿será entonces normal que vivamos todo el tiempo con miedo? La respuesta es un rotundo NO. El miedo es bueno pues nos ayuda a sobrevivir, pero como dice un refrán comercial: “Todo con medida, nada con exceso”.
Es importante que aprendamos a controlarlo. Yo lo comparo con un caballo salvaje que puede y debe ser domado. Si no lo hacemos es probable que nos haga caer, nos lastime y hasta corramos el riesgo de irnos para el otro lado. Pero si usted empieza a conocerlo mediante una reflexión profunda le aseguro que podrá domarlo poco a poco. Recuerde esos momentos duros de la vida en los que pudo vencerlo. Le hicieron más fuerte. Esos momentos son victorias suyas. Nadie se las quita y por eso todavía sigue de pie. Analice fríamente esas proezas que realizó y cómo fue que logró sobrevivir. Dómelo. Si lo consigue podrá cabalgar sobre él y lo llevará hacia donde usted decida. No es fácil. Hay que trabajar mucho en ello. Pero al final de cuentas usted saldrá con la victoria. Se lo garantizo.
Hay factores externos que no podemos controlar. Hay cosas, situaciones y personas por las que vale la pena luchar, preocuparse y ocuparse. Pero de igual forma hay otras que lo único que hacen es incrementar nuestro miedo. Rompa esas cadenas. Usted es dueño de sus decisiones. Y como dijo el gran filósofo chino Confucio: “Si tu problema tiene solución, ¿para qué te preocupas?; y si no tiene solución ¿para qué te preocupas?” ¿Entonces?, ¿cuál es la gana de torturarse?

Así que siga mi recomendación, no tema, dele importancia a lo que de verdad importa, aférrese a Dios, actúe para resolver sus problemas y disfrute de la vida. Relájese. El miedo es bueno, pero tampoco se mande.

El miedo es bueno, pero tampoco se mande.
El miedo es bueno, pero tampoco se mande.
El miedo es bueno, pero tampoco se mande.
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