¡Entrapájese usted también!

¡Entrapájese usted también!

Hoy iba a escribir sobre una hermosa laguna de Huehuetenango que conocí en un viaje que realicé hará un par de años. Pero luego de hablar por teléfono con mi mamá me dijo que me tapara y mejor si me entrapajaba. Me puse a reflexionar sobre este verbo tan utilizado en Guatemala y lo conjugué: Yo entrapajo, tú entrapajas, vosotros entrapajais y al final todos nos entrapajamos por el intenso frío que hace en estos días. Simpático el verbo, sin duda alguna. En algún momento pensé que no existía y era solamente un regionalismo más de nuestro país. Investigué y fíjese que sí existe. No le miento que me sorprendí un poco.
En el Diccionario de la Lengua Castellana por la Academia Española dice:
ENTRAPAJAR: Liar con trapos o paños una parte del cuerpo para curar algún golpe o herida.
Es evidente que en Guatemala lo utilizamos para referirnos a otra acción. Aquí es común que las mamás, y principalmente las abuelitas, lo utilicen en función de arropar, envolver o cubrir con mucha ropa a los niños pequeños. “Mija, entrapajá al muchachito porque hay mucho frío”. ¿Recuerda cuando iba a la escuela o al colegio y su mamá lo envolvía como que era la momia blanca de Titanes en el Ring? Existían unas gorras con un “chirulito” en lo alto y dos pitas que colgaban a los lados para amarrarse a la altura del cuello. Allí iba uno como que era Robocop, con camiseta, camisa, chaleco, suéter y chumpa. Todo encima de todo. Apenas podíamos maniobrar. Fácilmente eran como 15 libras en ropa. Doble calcetín o calceta, según fuera el caso. Dios guarde si llegara a caerse en el recreo. Era casi imposible levantarse. Uno parecía más bien como un desafortunado ronrón que volteado patas arriba no podía levantarse por más que lo intentara.
Las madres son expertas en envolver niños. No importa el grupo étnico al que pertenezcan. Las mamás son mamás. ¡Mujeres divinas!, como diría Vicente Fernández. Impresiona la habilidad que tienen para “encapsular” a los bebés y a los niños pequeños. Solo porque uno sabe que adentro de ese “matatío” hay un bebé no lo confunde con una mochila o algo por el estilo.
Sin dudarlo, no hay escena que despierte más ternura que aquella en la que usted ve a las mamás llevando de la mano a las “pulguitas” entrapajadas rumbo a su centro de estudio. Es normal que en esta época del año los frentes fríos azoten nuestro país. Para infortunio de los niños coincide con el regreso a clases. Es increíble como a las 4:30 de la mañana usted podrá ver a muchos niños esperando el bus en las esquinas. También en las áreas rurales los muchachitos son entrapajados con lo que hay a mano para ir a la escuela.
Indistintamente de su particular experiencia, no me dejará mentir que por lo menos una vez en su vida, su adorada madrecita lo entrapajó de tal forma que solo los ojos se le veían entre todo el envoltorio de prendas.
Por eso en estos días no dude en entrapajar también a sus pequeños en casa.
¿Y por qué no? ¡Entrapájese usted también!

¡Entrapájese usted también!
¡Entrapájese usted también!
¡Entrapájese usted también!
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